Voto a voto

¡Esa es la cuestión!

Ante el panorama apocalíptico pincelado a guisa de cuadro expresionista, ¿por qué los grandes grupos empresariales, la CONFIEP junto al monopolio de la prensa, permitieron esta eclosión de descontento si en treinta años los reclamos han sido los mismos? Desde los más urbanos, digámoslos así, como la anulación del CAS y las terciarizaciones, la formalización del trabajo, pedido básico para un país que osa ser parte de la OCDE y que se auto proclama como "el tigre de Sudamérica"

Marco Antonio Panduro

Publicado: 2021-05-09

Desde el 11 de abril existe una polarización entre el público votante. La coyuntura es más complicada que el simple maniqueísmo de que si alguien expresa duda y desconfianza por Castillo se es fujimorista, o se es "terruco", resentido social y pedigüeño, si ese alguien evalúa marcar el lápiz.

Por las redes sociales se entablan acalorados debates donde todos tienen la razón. Así, en los grupos de chats del Whatsapp, amigos de universidad o de promoción de colegio, están a punto de terminar en rivales provocado por los extremos que tanto Pedro Castillo como Keiko Fujimori representan.

La izquierda trasnochada, poco autocrítica, precaria en propuestas, por un lado; y la angurria del partido lumpen y todos sus satélites y afines, creyente que una nación es su chacra, en la que ellos, como gamonales, deciden los jornales, amparados en unas reglas de juego impuestas por ellos mismos, por el otro.

Este mismo artículo peca de ser polarizante al catalogar a los de izquierda frente a los de derecha, o viceversa. En verdad es difícil lidiar con alguien que no comprende lo que lee si nos creemos los dueños de la verdad y si no hay resquicio siquiera a atender los argumentos de los otros.

Los burgueses, la petite bourgoisie, al ser parte de una sociedad individualista defienden su parcela, su zona de confort; no importa lo que pase fuera de su territorio. Que cómo llega el producto a mi mesa, no es asunto mío. Tampoco es problema mío que la educación pública sea paupérrima si tengo yo para costear el colegio privado de mis hijos, o si el servicio de salud es un peregrinaje de súplicas, como pago yo mensual y puntualmente al seguro privado que me protege a mí y a los míos.

Por su parte, los camaradas siguen teniendo la misma visión del Perú y del mundo de cincuenta, sesenta años atrás; esa poca capacidad para contextualizar los problemas locales y aterrizarlas en propuestas reales; detenidos en el tiempo.

Ahora bien, ante el panorama apocalíptico pincelado a guisa de cuadro expresionista, ¿por qué los grandes grupos empresariales, la CONFIEP junto al monopolio de la prensa, permitieron esta eclosión de descontento si en treinta años los reclamos han sido los mismos? Desde los más urbanos, digámoslos así, como la anulación del CAS y las terciarizaciones, la formalización del trabajo, pedido básico para un país que osa ser parte de la OCDE y que se auto proclama como "el tigre de Sudamérica".

Dada la mirada corta de estos últimos es posible que no hayan visto venir una coyuntura como la actual. Entonces, ¿qué garantías puede haber ahora de encaminar el vehículo hacia una ruta más justa y proporcional? La fábula del escorpión y la rana —aquella que cuenta que la rana acepta hacer cruzar el río al escorpión, y ya en medio del río el escorpión le clava su aguijón y ambos mueren ahogados—, ilustraría la esencia del entorno Fujimori. Antes de que el veneno surja efecto, la rana le pregunta clamorosa, ¡Por qué lo hiciste si me diste tu palabra! El escorpión le responde, … es mi naturaleza.

En la otra esquina, debe resaltarse, eso sí, que muchos oportunistas están al acecho que la presa caiga. Gente que se está colando por la causa social, la causa justa. ¡Pamplinas a aquellos que dicen que lucharán por la igualdad social! Tienen una oportunidad de oro que se les ha caído del cielo —esto sí es ironía—para llenar sus arcas magras y también para mostrar y reafirmar su incompetencia e ineptitud cuando de gobernar se trata.

Llama la atención un post donde se lee: ¿Cuánto cuesta tu indignación hacia Keiko. ¿Tu fondo de jubilación, tu trabajo, tu pequeño o mediano negocio, tus propiedades, tu libertad? ¿Estás dispuesto a pagar ese precio?, muy manipulador, por cierto. En revancha, se escucha: ¿Qué hay de tu dignidad, que hay de nuestra dignidad, nuestra consecuencia entre palabras y actos? El haber sido críticos a una señora que representa el cinismo repetido elección tras elección, y que aboga por el interés de una camarilla en muchas de sus decisiones y gestos políticos en detrimento de esos otros tantos muchos incita a responder de esta manera.

¡Tus libertades se verán coaccionadas!, ataca también el aparato mediático, en clara alusión al caso Venezuela, que se ha vuelto el caballo de batalla de la derecha. Venezuela ya existe como precedente y al ser este un precedente los mecanismos de autodefensa ciudadana se activarán ante amenazas totalitarias.

Si alguien tiene ambiciones políticas a futuro, o ambiciones ego-políticas, en medio de la sensatez, no les debería gustar estar en los zapatos de cualquiera de los dos candidatos en estos momentos, en razón a la crisis económica originada a partir de la pandemia, aunque hay elementos concretos que la candidata Fujimori tiene más herramientas a su disposición para acallar de malas maneras los reclamos sociales. Lo que sí está claro es que a nivel de sus problemas con la justicia, Keiko Fujimori saldría ganando.

Igual, para Castillo, su “inocencia”, por decirlo así, le impide ver la bomba de tiempo que cargará sobre sus espaldas si no satisface los reclamos sociales de justamente ese grupo —por el momento con ventaja— que ahora lo levanta en hombros. La política es traidora e ingrata. Tengamos en cuenta la impaciencia y el resultado instantáneo, inmediato, muy poco dado a las razones, que piden las masas.

Es posible también que ante el recorte de las preferencias electorales, según últimas encuestas "oficiales", mucha gente que ve con ojos de desconfianza las cifras que arrojan cada fin de semana las consultoras de opinión marcarían el lápiz con más ganas. De hecho, Castillo ya está dando muestras de cierta concertación para atenuar su discurso demoledor y muy poco proactivo que no le está dando resultados. Al parecer la campaña en su contra y sus propios desaciertos, pues cada día se supera más en sus declaraciones, le están pasando factura. Rousseau decía que cambiar nuestros hábitos no significa que volvamos a las cavernas.

Keiko Fujimori insiste en debatir, sabe que a Castillo no le ayuda su retórica y se muestra también prometedora. A las palabras escritas en el compromiso de Castillo y a una posible hoja de ruta firmada por Fujimori se las puede llevar el viento.

Alguien ha compartido muy apropiadamente su sentir en estas elecciones al escribir que una opción, la de Fuerza Popular, representa el rumbo sin esperanza. Rumbo sin esperanza que mantendrá el mismo modelo económico y ese trato vertical, de manera que nada cambiará, y los anhelos de las minorías-mayorías seguirán postergados. Y la otra, la de Perú Libre, personaliza la esperanza sin rumbo, porque más allá de atender los reclamos y decir “¡Haremos esto”, no hay un plan sostenido que dé confianza, todo lo contrario, la amenaza de la mano dura, de la dictadura del proletariado que además de utópica, no es una expresión que produzca simpatía en los que aman la libertad como el bien más preciado.

Seguimos en este dilema shakespeariano. Ser o no ser. No ser o ser.


Escrito por

Marco Antonio Panduro-Gonzales

Nacido en Iquitos (1974), autor de APUNTES PERDIDOS. Sus intereses y preocupaciones giran en torno a la literatura, el arte y el Perú en sí.


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